The Game
¿Vos por quien estas acá?' Me preguntó una de las chicas de la previa. Ahí entendí todo. Sólo éramos un grupo de boludas, esperando lo mismo, detrás de rugbiers con distintos nombres pero mismas jugadas. Éramos todas iguales, igual de desesperadamente patéticas, detrás de un par de músculos y una voz gruesa. Detrás de la imposible posibilidad de que ese día, o algún día nos miren como nosotras los miramos a ellos.
Era inevitable, el drama ya era parte de nuestra vida. Nos volvimos adictas a esa adrenalina que nos producía verlos y no saber que iba a pasar esa noche. Nos acostumbramos a no esperar nada, un leve presentimiento nos decía que esa noche, como cualquier otra, era mejor evitar la tan habitual decepción. Porque de eso se trataba, de analizar, intuir, perder las esperanzas. Por lo menos nos quedaba una opción: la de sorprendernos.
De a poco fuimos aprendiendo la manera en que actúan y cuando creíamos que lo sabíamos todo, que estábamos un paso por delante suyo nos dábamos cuenta que no, que seguían llevando la delantera. Porque no importa cuantas veces estudiemos sus jugadas, mientras ellos nos vean como ese grupo de boludas que somos y nosotras solo veamos a uno de ellos sobresalir entre la gente van a ganar la batalla.
Es un juego que ya hemos jugado mil veces y que después de haber caído en las peores casillas ya aprendimos cual es el camino correcto para llegar al final, para ganar. Pero queremos llegar al final? No. Entonces intentamos lo imposible para mantenernos en el juego, de pie y sin perder mas fichas. No nos queda mucho, luchamos como podemos con lo poco que tenemos. Pero acaso no es inútil intentar ganarle a quien creó el juego? Al que conoce todos los trucos, todas las trampas?
Sabemos que es lo que debemos hacer. Tenemos dos opciones: La primera, más sencilla, abandonar el juego. La segunda? Decir adiós, llegar a la meta final y no mirar para atrás. Claro que conocemos el camino a la salida, pero realmente queremos encaminarnos hacia ella?
Todo lo valía. Tal vez esa noche no terminaría en nada mas que una vuelta en remis a casa, mientras que al mirar por la ventanilla del auto se armaría una película de lo que nos hubiera gustado vivir esa noche. Porque van a repetirse noches, quizá mejores o no. Quizá con mas suerte. Pero todas eran distintas, aun compartiendo esa adrenalina del 'no saber que va a pasar'.



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